El Blog de Raúl Romero

Por mi firma me conoceréis

Dicen sus biógrafos que a Joaquín Sorolla no le gustaba firmar, y cuando tenía el compromiso de presentar una exposición toda la familia se ponía a firmar cuadros, con lo que en su obra nos encontramos cinco grafías distintas, la de él, -el artista-, la de su mujer, Clotilde, y la de sus tres hijos, María, Elena y Joaquín. Auténticas pinturas y dibujos –con firmas que no son iguales- que han dado más de un quebradero de cabeza a los museos, a los expertos, a los herederos y a los coleccionistas. En el caso de Salvador Dalí la firma es puro surrealismo: utilizó 678 formas distintas para firmar sus cuadros.

Estudiar al pintor por su/sus firmas es recomponer un rompecabezas, igual que nos pasa a nosotros mismos, dada la variedad de firmas, escritos, letras diferentes que utilizamos sin muchas veces darnos cuenta. En un artista, la firma y el autorretrato proporcionan a los expertos importantes datos sobre la persona, porque en ambos casos simboliza el “yo real”. Firmas distintas es una variedad típica de la persona que se está buscando a sí misma, aunque puede ser también la búsqueda de un grafismo con el que identificarse. Existe una elevada capacidad para dar diferentes imágenes ante los demás, así como de ocuparse de temas de muy distinta naturaleza, pero –como en el caso de Romero- en todas las firmas queda plasmada la originalidad, la creatividad, la genialidad y el afán de producir efecto.

El artista supremo, Velázquez, si se autorretrató en dos grandes cuadros, Las Meninas y La rendición de Breda, y mantuvo el gusto de no firmar. La firma o no del cuadro no es un asunto menor. Hacerlo en el envés suele disgustar al cliente pero deja la imagen liberada de su autor. Hay, sin embargo, de todo. Pintores como Gauguin, Degas o Manet firman con un grafismo que da la cara y varios de ellos, como Picasso o Bacon, enaltecieron su rúbrica incluso con una raya, a modo de pedestal. Una cosa es que el pintor pinte bien y otra que suspenda en caligrafía. Van Gogh, el más conspicuo y culto de todos, hizo de sus rúbricas una fiel miniatura de su estilo porque sabía, como gran lector, que el remate es parte inseparable de la hechura poética. Pero este resultado, coherente con la estética integral, no se cumple siempre a pesar de los esfuerzos del artista. En desdichados casos el cuadro sangra herido por el adefesio de la firma, o en el caso contrario, una firma de Ráfols Casamada acentúa la serenidad y delicadeza de la obra. Otros buenos pintores, como Bores, son coherentes con sus creaciones, más o menos sosas, y se rubrican sin sal.

Firmar con el nombre entero está al alcance de muy pocos y hacerlo, en ocasiones, con un punto tras el nombre propio es un recurso escolar. Los de mayor enjundia actual prefieren valerse ahora solo de las iniciales y dejar la obra, tal como Navarro Baldeweg (NB), o como en el caso de Raúl Romero (RR) que dio pie a la creación de su Identidad Corporativa. Barceló, Basquiat y los grafiteros hicieron esto aunque con otra intención, o como dijo Andy Warhol, refiriéndose a nuestra poscultura: “Soy una persona profundamente superficial”. Es decir, el más del más allá. No fue el primero en darse cuenta puesto que ya Paul Valéry afirmaba: “Lo más profundo del hombre es la piel”.

Firmas de Raúl Romero.

La firma del artista es uno de los elementos más emblemáticos en un cuadro y lo primero que muchas veces busca el público. Deseamos verificar la autoría de la obra y tratar de averiguar “algo mas” sobre la personalidad, estado de ánimo y circunstancias en las que se encontraba el artista. La firma es el “sello” final del pintor, que habitualmente suele poner bastante cuidado en escoger el tipo de rubrica con la que va a cerrar su obra.

Se esta llevando a cabo ahora por parte de técnicos el estudio grafológico de las distintas firmas que Raúl Romero plasmó en sus obras, las diferentes letras y grafías de la firma del pintor (grafismos) introducidas por éste en sus obras en el momento que eran creadas. Con ello hay una base de datos con las letras correspondientes a la firma de Romero, obtenidas de su propia mano y textos escritos por el autor, variadas y muy diversas dependiendo de la época a la que pertenece. El pintor utiliza valores simbólicos que nos hablan a través de las formas y los colores, o en muchos casos, directamente ausencia de firma en sus dibujos y cuadros. Aparecen firmas semiocultas, pequeñísimas, poemas manuscritos, collages, pero con una característica común: nunca repetidas en la superficie del lienzo o del dibujo. Únicas. Romero, -según esta hipótesis- utilizaba el pincel o la plumilla de manera “discreta”, sin animo de figurar como pintor, intentando parecer “oculto” en la autoria, y en muchos casos estampando su firma de forma que es difícil observarla. Sin “molestar”.

Esta originalidad ha pasado inadvertida y es ahora cuando se pone al descubierto, en especial en dibujos tan elaborados como “figuras antropomorfas”, las series de “apuntes del natural” o todos los trabajos concienzuda y metódicamente realizados en tinta. Resulta especialmente curioso el propio nombre “Raul”, ¿o Raúl?. Casi siempre la tilde no aparece, como si la errata voluntaria anunciase un modo de llamar la atención, para al mismo tiempo intentar pasar inadvertido.

Romero, dibujante y pintor infatigable, describe el recorrido de sus etapas pictóricas, su evolución, a través de sus firmas. Desde adolescente al momento de su obra póstuma (inacabada, sin firma). Difícilmente un artista que comenzó a pintar a los 17 años y que muere pintando a sus 58, con más de mil quinientas obras, mantiene un único grafismo ya que además en su afán de experimentación se servía de todo tipo de materiales, instrumentos y técnicas para realizar sus creaciones. Pintó un gran número de piezas mal catalogadas como dibujos, sino obra original, cuadros de mediano y pequeño formato y referentes históricos, abstracciones y “familias”, seres exclusivos, formas cúbicas, puntillismo y rayismo, retratos, y mientras que en su soledad paseaba solo por su mundo interior, retenía en su mente lo visto y lo plasmaba pictóricamente a la llegada a su estudio. Y así firmaba.

 

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