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Dalí y San Fernando | “Bomba de protesta, no de matar”

Un joven Raúl Romero, con diecinueve años, aprueba en 1974 el ingreso en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, y se interesa especialmente por las prácticas de Dibujo del Natural, así como por los procedimientos pictóricos. En aquellas aulas, en aquel tiempo, una de las historias más antiguas que se contaban era la que ocurrió un 3 de marzo de 1923 cuando Alfonso XIII presidió la inauguración oficial de la Biblioteca. El padre de Salvador Dalí le había impuesto como condición para ser pintor ir a estudiar a Madrid, a la escuela de Bellas Artes, para obtener un título de profesor. Dalí lo acepta, pero se convierte en uno de los alumnos más conflictivos, y tenía como intención aprovechar el acontecimiento del Rey para hacer una protesta antimonárquica, incluso de fabricar “una bomba de protesta, no de matar”. La anécdota fue ratificada por el escultor Cristino Mallo, uno de los mejores amigos de Dalí en Madrid, quien setenta años después definió en qué quedó la protesta: “Durante la visita del rey, Dalí y Rigol habían lucido una cinta roja en el ojal, y estuvieron vociferando entre ellos en catalán”.

La relación de Salvador Dalí con Bellas Artes de San Fernando es una historia de amor odio. En Madrid asiste a la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado y vive en la Residencia de Estudiantes. Ahora entro, ahora me voy. De hecho ese mismo año incendiario es expulsado de la Academia por vez primera acusado de encabezar una protesta estudiantil contra la no concesión al pintor Daniel Vázquez Díaz de la cátedra de pintura de la Escuela. Regresa a Figueres, donde reanuda sus clases con Juan Núñez que le instruye en la modalidad de grabado, y en el otoño de 1924 regresa a la Academia donde es obligado a repetir curso. Vuelta a las andadas.

En pleno curso, pero ya en 1925, participa en la Primera Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos en Madrid y en las Galeries Dalmau de Barcelona, donde presenta su primera exposición individual. Es su época de rechazo a la vanguardia y de búsqueda de una tradición pictórica, esencialmente italiana. Durante este curso, 1925-1926, ya no regresa a la Academia de San Fernando, pasa el verano en Cadaqués con Federico García Lorca. ¡Que pareja!. Participa en varias exposiciones en Madrid y Barcelona. Realiza su primer viaje a París en compañía de su tía y de su hermana, conoce a Pablo Picasso y visita el Museo del Louvre, y es expulsado definitivamente de la Escuela de Bellas Artes de Madrid. El motivo es que declaró incompetente al Tribunal que tenía que examinarlo. No una, sino dos veces fue expulsado, y esta ya era la gota que colmó el vaso: “aquí no hay ningún académico en condiciones de examinarme”. Compañeros de facultad, Benjamín Palencia, Rafael Zabaleta, Julio Romero de Torres, y su gran amiga Maruja Mallo. A partir de ahí, se fue a la “mili”.

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