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“EL BANDOLERO DE ESTRELLAS”

de Alfonso Camín.

Trémulo el anciano de barbas nevadas,
dueño en otro tiempo de toda armonía
comenzó su historia:
– son cosas pasadas
que tras de la clara y azul lejanía
miraron mis pobres pupilas cansadas.

Y es justo que ahora
vuelen en el potro de tu fantasía,
rumbo a los dominios del Sol y la Aurora…
Para resguardarse del odio asesino
y ahuyentar los lobos que cruzan los llanos,
el buen peregrino
llevaba una estrella cautiva en sus manos.

Pero un bandolero de ardiente mirada
y rubia melena rizada
y daga en el cinto, que entonces solía
ser mago en el arte de la orfebrería,
y hacer de serpientes doradas pulseras
e incrustar diamantes en las calaveras,
después regias copas en las bacanales
de las cortesanas y los cardenales,
amado por damas de áureas cabelleras,
pálidos perfiles y grandes ojeras,
una de las damas, la más caprichosa,
dijo al bandolero:

– ¿Amor?… Poca cosa
para tal peligro de amaros… Prefiero,
ya que sois artista y al par bandolero,
una áurea sortija por vos modelada,
y en ella un diamante, con tanto decoro,
que semeje una estrella engarzada
sobre la sortija de oro…
– Pues que sois tan bella,
y al par caprichosa, tendréis, no el diamante,
sino la sortija y la estrella
– dijo el bandolero,
y fuése camino adelante,
con los ojos fijos en el semillero
celeste, que ardía
pleno de luz, como su audaz fantasía…

Así el florentino
iba entre la sombra buscando el camino,
cuando, de repente,
sintió como un golpe de luz en la frente…
…Y el monje cristiano
miró que la estrella temblaba en su mano.
Fué aquél un asalto de tigre en la sombra.
A un golpe de daga rodó el misionero,
y el cuerpo quedó entre una alfombra
de polvo y de sangre… Presto el bandolero
recogió la estrella, la engarzó en el oro
– oro y astro eran una sola llama -;
llegó ante la dama
y altaneramente le entregó el tesoro,
que beso tres veces…

– ¿Dióle amor la dama?
– Lo entregó a los jueces.
para dar al crimen su magnificencia…
– ¿Y pagó en la horca su crimen?
– No había
horcas en Florencia
para bandoleros de tanta valía….
Que en aquellos tiempos en que las hermosas
damas ojerosas
amaban las artes de los caballeros,
hasta las Justicias de almas pavorosas
eran bandoleros
de estrellas y rosas.

Así el florentino de ardiente mirada
y rubia melena rizada
y daga en el cinto, más tarde, humillado,
delante del Papa, bajó la cabeza…
– ¡Perdón!. He matado,
y ha tiempo me pesa la cruz del pecado…
– En nombre del Padre de toda belleza,
conozco tu crimen, ya estas perdonado-.
Y tendió al bandido su mano de flor,
y tembló en sus dedos la piedra amatista.
– ¿ Y besó sus manos?
– El Papa era artista,
y el arte es amor.
– Amaba a los buenos y a los criminales
como nobles hijos;
encontraba el arte tanto en los puñales
como en el acero de los crucifijos.

– Terminó la historia…
– ¿La dama?
– Entre llanto.
– ¿Y el Papa?
– En la gloria,
junto al Padre Eterno y envuelto en su manto.
– ¿Y el gran bandolero?
– Más tarde fue santo…
– ¿Y pasó en Florencia, según vuestra ciencia?…
– Vano es otro punto que tu mente elija,
porque un bandolero no siendo en Florencia,
no roba una estrella para una sortija.

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Obra de Raúl Romero Altares (1955-2013)